Desde pequeña he sentido curiosidad hacia la espiritualidad; el concepto de energía me fascinaba. Creo que, en parte, provine de mi tía Montserrat, una mujer inteligente y singular que siempre me hablaba del poder de los colores.
En mi adolescencia conocí al Maestro Kim y descubrí la disciplina del Taekwondo, un arte marcial que utiliza diferentes técnicas de patada, a la vez que promueve ejercicios saludables para el cuerpo, trabajo de respiración, concentración y meditación. Fueron unos años muy especiales.
Tras una lesión, decidí poner en pausa mi camino en las artes marciales y, casi por azar, el yoga apareció en mi vida. Empecé en el yoga con la práctica de asanas (posturas) con una maestra que me inspiró a tener curiosidad hacia el estilo Hatha. Un tiempo después, fui a una clase guiada de Ashtanga. Ese día comprendí que había encontrado el estilo de yoga en el que quería profundizar.
Desde entonces, he practicado Ashtanga yoga a diario, he tenido la gran oportunidad de poder viajar a India en distintas ocasiones para formarme como profesora de Hatha, Vinyasa y Ashtanga yoga. Aprender, entender y profundizar en la meditación, el pranayama, la práctica de asanas en un lugar del mundo tan “potente” me ha hecho muy feliz.
Cuando regresé a Barcelona, empecé a impartir clases con el objetivo de compartir estos conocimientos. También conocí a mi Maestra Elena, con quien continúo practicando a diario.
Mi objetivo en cada práctica que compartimos en la shala es entender cómo hacer las asanas (posturas), a la vez que aprendemos a cómo quedarnos absorbidos en lo que está ocurriendo en el momento presente, encontrando el equilibrio mental. Eso lo hacemos a través de la respiración consciente y la concentración, purificamos el cuerpo y alineamos la columna vertebral, al mismo tiempo que equilibramos el sistema nervioso y la mente.
“Practicing yoga is a privilege. And, with this privilege comes a duty to be kind, to share a smile, and to offer the yoga from the mat into the rest of your life.” Maty Ezraty